"-Creo que tenías ganas de opacar a la Luna así vestida, de rojo satén. Estabas tan hermosa y frágil, tan etérea de cabellos salvajes, tan mística y pura con tu piel pálida y ojos grises que lo hubieras conseguido sin denotar esfuerzo alguno. Pero te topaste conmigo y, como a la Luna en las noches donde asedia la tormenta, una sombra te bañó el rostro, angelical.
Supongo ahora que aquel encuentro fue tan inexorable como el Destino mismo. Cuando me percaté, tu sangre huía a borbotones de tus venas desgarradas dibujando perfectas aureolas de brillante carmesí. Aquel dulce vino espeso acariciaba mis manos, mis labios, mi rostro mi cuerpo entero dejando a su paso la estela suave y cálida de tu huella. Y me mirabas con esos ojos grandes, tan virginales pero cargados de seducción. Palpitabas aún: lo sentía en mis huesos, en mis propias arterias. Esa mirada tuya, última, fue desgarradora, fue demasiado. Fuiste demasiado.
No fue mi culpa, está en mi naturaleza obrar así.
Espero que te gusten las orquídeas blancas.-"
Hizo unos pocos pasos tras reposar la flor.
"-Ya no creo que haya sido tu culpa. Fue tu culpa. No deberías haberte topado conmigo. Ni deberías haber nacido. Y tu sangre jamás debería haber sabido tan bien.-"
Desapareció en las sombras de la noche, sin volverse a mirar otra vez la reluciente lápida de su infortunada presa.























hola dama palida, bueno como ya veras soy de el cementerio de los versos...disculparas o no a esta incontrolable entrometida...pero hurgando en el foro he caido aqui.
ResponderSuprimirLa verdad siempre me a gustado leerte.
Realmente tu lexico es esquisito...y arte gustosamente abrumador..este lugar es muy agradable
sin mas que decirte me despido
att. Linu